lunes, 22 de febrero de 2010

¿Perdiendo votos por desconocer la psicología política del votante?

9 de cada 10 campañas electorales fracasan en su objetivo. Otro será el Alcalde, el Gobernador, el Presidente. Los votos no alcanzaron, y ya no hay nada que hacer. Todo ha sido inútil: las virtudes del candidato, las buenas ideas del partido, el esfuerzo de los militantes, el dinero invertido, el tiempo de planificación...

La noche de la derrota destruye planes, esperanzas, proyectos e ilusiones. Ya no será.

Algunos conformistas dicen que el votante no los entendió. No es así. Fueron ellos quienes no entendieron al votante. No supieron descubrir sus sentimientos, sus razones, su comportamiento, su psicología.

Una campaña electoral derrotada es una campaña que no supo comprender la psicología política del votante.


Psicología política, marketing político y campañas electorales


Las derrotas y las victorias ocurren en el mismo lugar. Un lugar oscuro para quien lo desconoce. Un verdadero laberinto donde casi todos se pierden: el cerebro, la mente del elector.

Todo pasa por allí, por el cerebro del votante. Todo es procesado en ese escenario. Los discursos, la publicidad, los actos callejeros, los ataques, las defensas, las propuestas, los proyectos, los jingles, los logos...Todo.

Por eso el conocimiento científico de la mente humana puede hacer que el marketing político y las campañas electorales multipliquen su efectividad y su precisión. Por eso la psicología política, la psicología del elector, la psicología del votante y la psicología de la comunicación...

Aplicar la psicología política al marketing político y las campañas electorales. De eso se trata. Para comprender desde otro ángulo los procesos políticos. Para iluminar el cerebro del votante con el conocimiento científico de la mente humana.

Y para planificar y actuar en política con la inmensa potencialidad que brinda la psicología política.

Daniel Eskibel

Consultor político

jueves, 18 de febrero de 2010

La imagen, en campaña electoral, también cuenta... y mucho

La imagen constituye uno de los elementos más importantes en comunicación política, pues expresa por sí misma códigos y señales indiscutibles de persuasión social. El ir bien vestido, el cabello, el color de la piel, el calzado, el maquillaje o el volumen corporal son manifestaciones claras y explícitas para un posible triunfo en las urnas.
Los políticos cada vez se preocupan más del mensaje político que lanzan a la ciudadanía, por eso recurren a los asesores de imagen o a las consultorías electorales, porque, en muchas ocasiones, una buena imagen vale más que mil palabras. Los expertos en estas lides ponen de manifiesto la necesidad de dar un nuevo aire a la forma de hacer las campañas publicitarias, rompiendo con la rigidez y la institucionalidad de trabajos anteriores.

Algo fundamental es presentar al candidato de una forma cercana al ciudadano. Y es esa cercanía la que puede atraer al votante a declinar su voto a uno u otro lado el día de las elecciones.

En muchos casos, el candidato se ve sometido a la vigilancia y el seguimiento por parte de un asesor de imagen personal. Para ello, estos expertos optan por realizar una revisión físico-psicológica de la persona, analizando aspectos estéticos, hábitos sociales, vestuario, costumbres... la relación con su familia, sus amistades y el círculo donde ha realizado sus actividades hasta aquel momento. Todo ello, con el objetivo de seleccionar y destacar los puntos más positivos que le puedan ayudar en su carrera política.
Es muy importante que las ideas que expone un político se correspondan con su imagen personal y su comunicación no verbal, para que no resten credibilidad a su discurso. De hecho, lo que pretende el asesor de imagen es cuidar que la palabra, la imagen física y la actitud gestual se armonicen para lograr una comunicación efectiva y creíble.

Al margen de comunicados de prensa, actividades públicas o entrevistas políticas, el asesor ayudará a preparar al candidato un plan de evolución paulatina, nunca brusca, de la imagen anterior, a través de los medios que se crean más idóneos. Será aconsejable que el cambio de imagen, ya sea parcial o total, tenga credibilidad ante el público y no sea percibido como un engaño o manipulación.

En todos estos casos, el asesor debe prestar atención especial al seguimiento del proceso de adaptación de la nueva imagen del asesorado y, por supuesto, a los efectos resultantes del cambio. Para ello, se buscarán los puntos mejorables, se realizarán acciones formativas de comunicación verbal y no verbal y adaptaciones a los nuevos criterios sociales, lo que conlleva cambios en su imagen personal.

Fuente: Terra

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